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El Monumental de Belgrano (y no de Núñez como siempre se dijo), se levantó sobre terrenos ganados a la costa cenagosa del Río de la Plata. Claro está que no fueron los dirigentes Millonarios quienes realizaron la gigantesca tarea de rellenar los bañados, tarea de la que se ocupó un escocés llamado Daniel White, quien a mediados del Siglo XIX había adquirido una estancia de 47 cuadras en esa zona. En esa superficie construyó un hipódromo, que se llamó “De Saavedra” o directamente, “Hipódromo de White”. Se podría decir, por lo tanto, que hace unos 150 años la ubicación exacta del Monumental era parte del Río de la Plata. El Hipódromo de White ocupaba una extensión de 16 cuadras y disponía de tribuna para público. En 1866, una tormenta de Santa Rosa arrasó con la construcción y sus directivos buscaron otro lugar para un nuevo asentamiento. Encontraron un predio de 67 hectáreas, en el que inauguraron en 1867 el famoso Hipódromo Argentino de Palermo.

El terreno del Hipódromo de White pasó por diversas manos, hasta que la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires promovió un juicio contra la sociedad que lo regenteaba. Lo curioso del antiguo hipódromo viene ahora: La pista tenía dos rectas paralelas a la actual avenida Lidoro Quinteros, mientras que la actual calle Victorino de la Plaza, curiosa arteria en forma de “U”, ubicada en el ángulo de las avenidas Monroe y Libertador, no hace más que respetar el trazado de la antigua pista. Es más, la tribuna Sívori del Monumental coincide casi exactamente con la curva opuesta del hipódromo, con lo cual podríamos decir que todo lo que podemos ver en la actualidad tiene una marcada presencia de las instalaciones levantadas hace más de 150 años, ni más ni menos.

Fue un visionario llamado Antonio Vespucio Liberti quien sugirió comprar los terrenos en donde hoy se encuentra el Monumental por $569 403. Muchos lo trataron de loco e irresponsable, dado que lo que él proponía parecía una quimera. Liberti quería construir el estadio que, según su criterio, River merecía. Él había observado ese espacio abandonado, considerándolo apropiado para llevar adelante su sueño. Los problemas que trajo su idea fueron muchísimos, a punto tal que costó mucho convencer a otros directivos de la factibilidad de un proyecto que parecía una auténtica utopía. Más de uno sostenía que era una locura tratar de hacer semejante estadio en terrenos pantanosos y ganados al río, debido a los problemas que estas características acarrearían. En pocos años cambiarían de opinión al ver como el hormigón avanzaba a paso firme.

Lo que pocos saben es que la ciudad de Buenos Aires creció de sur a norte, merced a la entrada de numerosos barcos por el puerto de La Boca, en donde además se instalaron barrios obreros muy precarios. A medida que se avanzaba al norte de este barrio, se podía encontrar una Buenos Aires mucho más despoblada y habitada por las clases medias y altas, y yendo más al norte aún, la ciudad casi que era un desierto, a punto tal que los terrenos donde hoy se posa el Monumental habían quedado casi abandonados, convertidos en un pantano, y con considerables restos de basura en los márgenes cercanos al río. Finalmente y luego de muchas negociaciones River adquiere un préstamo del gobierno a través del Banco Hipotecario Nacional, ya que la idea de construir un estadio que pudiese ser considerado como el escenario nacional pero que estuviese manejado por un club como River Plate en lugar de estar en manos del estado, sedujo a los gobernantes que inmediatamente dieron el visto bueno. Anteriormente a eso el club adquirió los terrenos en cuestión a un valor de 11 pesos el metro cuadrado. River compró alrededor de 5 hectáreas y la Municipalidad de Buenos Aires donó otras 3,5 hectáreas, que son en definitiva las 8,5 que River posee en la actualidad.

En 1934, el club llamó a concurso nacional de anteproyectos para la construcción del Monumental. La idea era simple: edificar estadio con pista de atletismo, completamente construido en hormigón armado, con instalaciones deportivas anexas tanto en el interior como el exterior del mismo, y que contemplara la posibilidad de llegar a una súper capacidad de 120.000 espectadores. En aquella época, los juegos olímpicos eran mucho más populares que los mundiales de fútbol; De allí la necesidad de incorporar una pista de 400 metros alrededor del campo con la esperanza de poder albergar dicha competencia internacional. Algo que nunca ocurriría. El concurso fue ganado por los arquitectos José Aslan y Héctor Ezcurra, con la ayuda del dibujante Fidias Calabria, lo que significó una marca de por vida en la historia de este afamado estudio de arquitectura, encargado de casi todas las remodelaciones al Monumental desde entonces. En 1935, Antonio Vespucio Liberti organizó una movida simbólica para ver si había alguna forma de empezar a recaudar dinero para construir el estadio, colocando la piedra fundamental del mismo. El dilema era que el capital no aparecía y se necesitaba demasiado. Sí apareció el préstamo que le da el Poder Ejecutivo con la firma del presidente Juan Bautista Justo a los clubes que tenían terreno propio. Y River ya lo tenía desde el ‘34. Así que solo quedaba pasar por caja. Le dieron al club $2.500.000 que era el 60% de lo que costaba el estadio. Y lo restante de $500.000 se financió con donaciones de bolsas de cemento. La gente que podía, con la iniciativa de un socio/dirigente, empezó a donar bolsas de cemento, y sumado a las recaudaciones que eran muy buenas por Bernabé Ferreyra, se pudo hacer frente a esos $500.000 faltantes.

La obras preliminares llevaron mucho tiempo, porque hubo que poner en condiciones el terreno haciendo una correcta nivelación, y además se trabajó arduamente para decidir qué tipo de fundaciones realizar para sostener el estadio, debido a que el lugar era un asentamiento inestable en el que emergían chorros de agua desde las napas subterráneas al hacer las excavaciones (podían provocar desmoronamientos imprevisibles). Problemas tremendamente complejos de solucionar porque el Monumental fue construido casi sin maquinarias, en poco más de dos años, haciendo las bases de las columnas a mano, con palas, ya que no existían las excavadoras, extrayendo el agua de las napas subterráneas que inundaban las excavaciones con bombas de achique accionadas también a mano, transportando la tierra a lomo de burro en alforjas, y rellenando la zona del campo de juego y tribunas a mano, con primitivos elementos de trabajo. Una obra verdaderamente faraónica, como lo fue la construcción del antiguo Coliseo de Roma, cuyos planos fueron la base arquitectónica del estadio Monumental.

Cuando se diseñó el Monumental, el proyecto original constaba de cuatro grandes tribunas. Como el dinero del préstamo bancario no alcanzó para levantar la totalidad de las gradas, el estadio adoptó una forma de herradura. La cuarta tribuna siempre estuvo en el diseño original, no fue un agregado ni nada por el estilo. Simplemente no se construyó en su momento por falta de capital. La primer tribuna del Monumental en ser edificada fue la actual San Martín. Luego se realizó la Belgrano, quedando en medio de ambas el espacio para hacer las tribunas Colonia (Sívori) y Centenario. Por ende, esta última fue la tercera en ser levantada, y su finalización derivó en la inauguración de la Catedral del fútbol argentino en 1938.

El Monumental comenzó a construirse el 27 de septiembre de 1936 y se inauguró oficialmente el 25 de mayo de 1938. La ceremonia se realizó con un partido amistoso entre River Plate y el Club Atlético Peñarol de Uruguay. Tal y como se especulaba, la realización del estadio terminó endeudando críticamente a la institución. De hecho, tres de las cuatro tribunas proyectadas se realizaron íntegramente con el dinero del préstamo que el Banco Hipotecario le otorgó a River.

La capacidad original del Monumental, con las cuatro tribunas terminadas, rondaba los 150 000 espectadores (siempre y cuando todo el público estuviera de pie). Cada grada podía contener entre 30 000 y 40 000 personas paradas como ocurre en las tribunas populares. De hecho, todo el anillo superior del estadio estaba destinado a espectadores de pie, ya que tal como ocurría en el Coliseo de Roma, edificio inspirador de la casa de todos los riverplatenses, la gente que ocupaba esos lugares era la que pertenecía a las clases sociales más bajas. Es decir, cuanto más arriba te colocaban, menos nivel social tenías. Por dicho motivo el Monumental podía albergar a tanta gente, ya que las tribunas con asientos no eran mayoría, sino todo lo contrario. Antes del Mundial 1978, la capacidad aproximada era de 90 000 espectadores.